Sara, de 50 años, huyó de su familia a la edad de 13 años para escapar del abuso sexual que sufría por parte de su tío. Sin educación ni oportunidades, desarrolló una dependencia en las drogas y trabajó como trabajadora sexual, y eventualmente fue arrestada por vender pequeñas cantidades de crack para mantener su consumo. Presa del pánico, Sara trató de sobornar con el equivalente de US$3.75 al oficial de policía a cargo de su arresto. Actualmente viene cumpliendo una sentencia combinada de siete años, obtenida a cambio de declararse culpable de ambos delitos.